Hola. Somos la Asociación Protectora de Animales «Argos León» y estamos aquí para ayudar. Ayudamos en la acogida, protección y mantenimiento de los animales que rescatamos de colonias porque nos dedicamos mayoritariamente a los gatos callejeros, aplicando un Plan CER (Captura, Esterilización y Retorno).
Somos gente comprometida y con muchas ganas de llevar felicidad a quienes nos necesiten.
Nuestra Misión
Poco a poco hemos ido abriendo canales para que los leoneses se puedan poner en contacto con la Asociación. Han sido muchos nuevos contactos con personas y entidades dispuestas a colaborar con nosotros.Hemos intentado para poder ayudarles y que nos ayuden.
Son muchas las sorpresas tristes que hemos tenido, pero nos hemos puesto manos a la obra y hemos transformado muchas en finales felices. Familias descubiertas y animales recuperados.
También tratamos de acercar el mundo de los animales abandonados a nuestro futuro: los pequeños. Descubriendo que el cuidado animal es parte natural de nosotros.
¿Qué hacemos?
La verdad es que no paramos. Tenemos demasiadas cosas que hacer y muy poquitas horas tienen los días.
Gestionamos éticamente varias colonias en León, mediante el Programa CER. Junto a sus cuidadores, alimentamos, cuidamos y procuramos tratamiento veterinario que incluye la castración para el control de poblaciones.
Ponemos en contacto a adoptantes con animales que desean ser adoptados. También tratamos de hacer que la unión entre las personas y animales sea la ideal mediante un test previo para conocer la idoneidad de la futura familia.
En general cualquier cosa que nos permita ver animales y gente felices.
ARGOS
La fidelidad tiene un nombre
Cuenta la Odisea que Ulises tenía un perro llamado Argos. Juntos compartían muchos momentos de felicidad, paseando, cazando y disfrutando de cualquier actividad cotidiana.
Pero un día Ulises partió y dejó a Argos en casa. El animal no sabía por qué, pero no le importó esperar a su dueño. Día tras día el fiel perro esperó el regreso de su amigo. Apartado, ignorado y en silencio esperó, año tras año.
Ulises regresó a su hogar muchos años después. El tiempo había hecho mella en el héroe y apenas era la sombra del que partió de Ítaca. Nadie reconocía a aquel hombre harapiento. Sólo el anciano Argos vio venir a su compañero y habiendo cumplido su espera se levantó, saludó a Ulises y murió.


